Boda en la playa en Canarias ¿Es posible?
Casarse a orilla del mar, sobre arena blanca y con la brisa ondeando el pelo, es el sueño de muchas parejas. Cada temporada recibimos la misma pregunta: ¿se puede uno casar en la playa? Es, sin duda, una de las ideas más recurrentes cuando se piensa en una boda en Canarias.
El cine y las imágenes románticas han alimentado ese deseo de celebrar una boda frente al mar y, en un lugar como Canarias —con playas paradisíacas y un clima estable durante gran parte del año—, el escenario parece perfecto para darse el “sí, quiero”. Pero la gran pregunta sigue siendo la misma: ¿realmente es posible?
Casarse en la playa en Canarias: mitos y contradiciones.
Si buscas en Google cómo hacer una boda en la playa en Canarias, es muy probable que te hayas encontrado con páginas y blogs que aseguran que sí es posible celebrar una boda en la arena. Lugares como Mogán, en Gran Canaria, o la playa de Las Teresitas, en Tenerife, suelen aparecer como ejemplos de zonas de costa donde, según estas fuentes, se pueden realizar celebraciones.
Si haces la misma búsqueda en Gemini, la IA de Google, la respuesta es todavía más contundente: “Casarse en la playa en Canarias no solo es posible, sino que es una de las regiones de España que más facilidades ofrece”. ChatGPT, en cambio, es algo más prudente y advierte de que “organizar una boda en la playa en las Islas Canarias es posible, pero hay cosas importantes que debes saber antes de elegir municipio o playa”.
Lo cierto es que toda esta información —mucha de ella poco contrastada— genera una expectativa en las parejas que contactan con oficiantes o wedding planners con la condición clara de casarse en la playa, cuando la realidad es que hacerlo resulta muy complicado. Y, sinceramente, tampoco ayudan las bodas clandestinas ni ejemplos muy mediáticos, como la conocida boda de Anabel Pantoja en La Graciosa.
Pero entonces, ¿por qué hay tanta información que asegura que sí puedes casarte en la playa en Canarias?
Antes de explicarte si es posible o no celebrar una boda en la playa, hay algo fundamental que debes entender.

Hay algo fundamental que debes tener en cuenta: las playas son espacios públicos. Es decir, tanto tú como cualquier otra persona tenemos el mismo derecho a usarlas y disfrutarlas. Su gestión corresponde a la Demarcación de Costas del Gobierno de Canarias, al Ministerio competente y a los respectivos ayuntamientos, que son quienes regulan el uso que se hace de ellas.
La normativa que rige ese uso libre y gratuito es la Ley 22/1988 de Costas, una ley que establece qué se puede hacer en el litoral, pero que durante años dejó sin concretar muchos aspectos prácticos sobre el cómo.
Por ejemplo, esta ley:
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No explicaba con precisión qué ocupaciones eran compatibles con el uso público de la playa.
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No desarrollaba criterios técnicos concretos.
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Permitía interpretaciones más amplias por parte de la administración.
Hasta ese momento, además, las bodas en la playa no eran habituales, principalmente porque no estaban de moda. Este tipo de celebraciones suelen ser ceremonias simbólicas oficiadas por un maestro o maestra de ceremonias, sin validez legal, un concepto relativamente reciente. Cuando empecé a oficiar en 2017, en Gran Canaria había muy pocos profesionales dedicados a esto y era habitual que la gente me preguntara: ¿qué hace exactamente un maestro de ceremonias?
Para entender cómo se llegó a plantear la posibilidad de celebrar bodas en la playa, hay que fijarse en un cambio normativo clave. En 2014 se aprobó el Real Decreto 876/2014, que sigue vigente en la actualidad. Este reglamento permite ocupaciones temporales del litoral, eventos autorizados e instalaciones desmontables, siempre que cuenten con autorización administrativa previa y sean compatibles con el uso público de la playa.
El texto establece, además, que este tipo de ocupaciones deben restringirse especialmente en playas naturales y que solo pueden autorizarse en zonas urbanas cuando no interfieran con el uso común.
Por lo tanto, la interpretación de esta normativa abrió la puerta, al menos sobre el papel, a la celebración de ceremonias en la playa. Algunos medios se hicieron eco de esta posibilidad, lo que favoreció la organización de las primeras bodas en lugares como Mogán o San Agustín. Sin embargo, con el paso del tiempo, Costas comenzó a endurecer los criterios y a imponer cada vez más limitaciones para autorizar este tipo de eventos.

Criterios ambientales: la verdadera razón.
Actualmente, y tal y como me confirmaron desde Costas del Gobierno de Canarias y el propio Ministerio, es extremadamente difícil celebrar una boda en la playa, a pesar de que la normativa siga vigente. Lo que ha cambiado desde la aprobación del reglamento de 2014 no es la ley en sí, sino la forma en la que se aplica.
El Reglamento de 2014 dejó claro algo que antes se interpretaba con mayor flexibilidad: las ocupaciones deben ser compatibles con el uso público de la playa.
Y aquí es donde surge el principal problema práctico. Costas comenzó a interpretar que la instalación de sillas, altares, decoración, la concentración de invitados o el uso de música pueden suponer una privatización del espacio público. Es decir, montar un altar o colocar sillas implica ocupar una parte considerable de la playa para un uso privado, impidiendo que otros usuarios puedan disfrutar libremente de ese espacio que, como ya hemos explicado, es público y pertenece a todos.
A esto se suma el endurecimiento de los criterios ambientales. En Canarias existen numerosos espacios naturales protegidos, como las Dunas de Maspalomas, así como zonas incluidas en la Red Natura 2000, como la Reserva Natural Especial de Montaña Roja, en Tenerife, o el Parque Natural de Corralejo, en Fuerteventura. Estas figuras de protección, junto a los distintos planes de gestión ambiental, prohíben o limitan de forma muy estricta la celebración de eventos en el litoral, lo que hace que organizar una boda en la playa resulte especialmente complicado en prácticamente cualquier punto de la costa canaria.
En definitiva, y para que lo entiendas de forma sencilla, no es que la ley prohíba expresamente celebrar una boda en la playa, sino que el impacto ambiental y sobre el uso público del litoral es tal que resulta muy difícil que Costas acepte una solicitud de este tipo.

Requisitos para hacer tu boda en la playa en Canarias
A pesar de la dificultad del evento, Costas da la posibilidad de pedir un permiso. La Solicitud 861 de Costas es
el formulario oficial que se utiliza para pedir permiso para ocupar temporalmente el dominio público marítimo-terrestre, ya sea para celebrar una boda en la playa, organizar un evento o instalar mobiliario.
En este formulario, además de los datos personales del solicitante, es necesario detallar las características del evento: el tipo de actividad, el número de personas asistentes, las estructuras previstas y el mobiliario que se pretende instalar, con el fin de evaluar su impacto ambiental y su compatibilidad con el uso público de la playa. Junto a la solicitud, normalmente se exige aportar la siguiente documentación:
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Plano o croquis del montaje previsto.
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Memoria descriptiva de la actividad.
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Seguro de responsabilidad civil.
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Autorización municipal, en caso de que proceda.
Estos requisitos hacen que una boda en la playa —que en muchos casos suele contar con pocos invitados— se convierta en un trámite administrativo complejo y en un gasto añadido, ya que implica la elaboración de planos y memorias técnicas, así como la contratación de un seguro específico.
Aun así, desde Costas suelen ser claros: «no es que sea imposible, pero es muy difícil que se conceda el permiso». Una vez presentada la solicitud, Costas emite un informe y traslada la resolución al ayuntamiento correspondiente y al servicio provincial, que además puede aplicar un canon por ocupación del dominio público, cuya cuantía depende del presupuesto y de las condiciones fijadas por la administración competente.
Otras maneras de casarte frente al mar
Si, a pesar de todo, tu sueño sigue siendo casarte junto al mar, existen otras formas de hacerlo realidad. Desde aquí no somos partidarias de hacerlo de espaldas a la administración, es decir, de manera ilegal, aunque lo cierto es que hay parejas y profesionales que optan por hacerlo así.
Una opción diferente es acudir a la playa únicamente con la pareja y el oficiante, sin decoración, sin música y sin ningún tipo de montaje. Tal y como nos aseguraron desde Costas, «nadie te prohíbe ir con tu gente a la playa, realizar una pequeña ceremonia sin decoración y hacer fotos».
De hecho, yo misma oficié una ceremonia de este tipo hace algunos años. Se trató de una renovación de votos en la costa de Maspalomas, a la que acudió una pareja junto a su hija adolescente. Fue una ceremonia íntima entre dunas, en la que no necesitamos más decoración que el ramo que Maidavel Flowers realizó para la novia.

Pero si la idea es montar un altar, colocar sillas y añadir decoración, la situación cambia por completo. Basta con que alguien presente una queja para que las autoridades intervengan, lo que puede suponer tanto una sanción económica como la cancelación inmediata del evento.
Recuerdo especialmente una boda que me encargaron oficiar en 2018, en la playa de Hoya del Pozo, en Telde (Gran Canaria). Tanto el equipo como yo estábamos realmente nerviosos, conscientes de que, si alguien avisaba a la policía, podíamos enfrentarnos a una multa. Finalmente, y tras mucha reflexión, optamos por una ceremonia sencilla: sin sonido, sin decoración y sin ningún tipo de montaje, únicamente la pareja y su familia más cercana. No fue tan espectacular como estaba previsto, pero sí igual de emotiva y auténtica.

Nuestro miedo a la multa no era infundado. Según Legálitas, celebrar eventos o fiestas en la playa sin autorización puede conllevar sanciones de entre 20 € y 120 € por metro cuadrado ocupado y por día. Tal y como explican, utilizar la playa sin el correspondiente permiso administrativo se considera una infracción leve, sancionable con unos 20 €/m²/día. Si, además, no se atiende la orden de paralizar el evento, la infracción puede pasar a ser grave y la sanción ascender hasta 120 €/m²/día.
Por eso, aunque no sea exactamente la playa, existen otras alternativas mucho más seguras y recomendables. Hoteles, restaurantes o fincas privadas destinadas a la celebración de eventos, situadas en la costa, permiten disfrutar del entorno marino sin asumir riesgos legales.
Hoteles: la mejor opción
Un buen ejemplo es el Taurito Princess, en Mogán (Gran Canaria), que permite celebrar bodas en sus jardines, bajo un acantilado y con la playa a pocos metros para realizar posteriormente la sesión de fotos. He oficiado muchas bodas allí, tanto de parejas locales como extranjeras, y el entorno es realmente especial. La terraza con vistas al mar y el acantilado a la espalda del altar crean un escenario único para una ceremonia junto al océano.

El Paradisus Salinas Lanzarote, un hotel a pie de playa que te promete una experiencia llena de naturaleza y única en Canarias. Debido a que el hotel tiene una demarcación que coge una parte de la playa, tiene un marco normativo particular que permite al Paradisus Salinas Lanzarote hacer una pequeña ceremonia de no más de 30 personas.

Hacer una boda en la playa en Canarias sigue siendo un sueño para muchas parejas, pero la realidad administrativa y ambiental hace que no siempre sea posible llevarlo a cabo tal y como lo imaginamos. Entender la normativa, respetar el entorno y valorar alternativas es clave para evitar frustraciones y disfrutar del proceso con tranquilidad.
Si estás valorando casarte en Canarias y tienes dudas sobre el lugar, la ceremonia o las posibilidades reales, informarte bien y dejarte asesorar marcará la diferencia entre un sueño frustrado y un recuerdo inolvidable.

