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Lo que he aprendido sobre cómo oficiar una boda tras 260 ceremonias

Lo que he aprendido sobre cómo oficiar una boda tras 260 ceremonias

Oficiar una boda

Lo que he aprendido sobre cómo oficiar una boda tras 260 ceremonias

Hay cosas que solo se aprenden cuando las has vivido una y otra vez. Puedes leer libros sobre ceremonias de boda, estudiar cómo escribir un buen guion, hacer cursos o aprender técnicas para hablar en público. Pero hay una parte importante de cómo oficiar una boda que solo se aprende cuando has sido la maestra de ceremonias de muchas parejas.

Después de más de 260 ceremonias —y de haber aprendido muchas cosas sobre cómo oficiar una boda— hay algo que tengo clarísimo.

Sí hay cosas que se repiten. Los votos, rituales, los anillos y discursos. Pero también las miradas. Nervios. Risas. Lágrimas. Abrazos. Palabras que se olvidan. Personas que se emocionan mucho más de lo que imaginaban. Y parejas que, cuando termina la ceremonia, descubren que ese momento ha pasado demasiado rápido, o que estaban tan nerviosas que no se acuerden de nada.

Después de casi 10 años no puedo decirte que lo he aprendido todo, porque cuantas más bodas hago más entiendo a Sócrates cuando decía «Solo sé que no sé nada». Lo que sí puedo hacer es compartir contigo algunas cosas que he aprendido tras escuchar tantos «sí quiero»

1. Una ceremonia de boda no tiene que ser perfecta

Esta es probablemente una de las primeras cosas que aprendí al oficiar una boda. Las parejas llegan a la ceremonia pensando muchas veces que todo tiene que salir perfecto. No sé ni cuantas veces habré escuchado aquello de: «yo quiero que salga todo perfecto»  Que la entrada debe ser perfecta, que nadie puede equivocarse al hablar, que los votos tienen que salir de memoria y que cada minuto debe estar controlado.

Pero la realidad es mucho más sencilla. Una ceremonia de boda está viva. Es pura naturalidad. Y como siempre digo: en las bodas pasa de todo.

Puede que alguien se emocione y tenga que parar unos segundos. Puede que, como le pasó a una pareja que casé este año (Magda y Moisés) un niño se caiga y haya que parar la ceremonia.  Puede que alguien se equivoque al leer o se emocione tanto que no pueda continuar y tenga que terminar yo sus votos, como le pasó a Paula, una novia que casé en 2022.  Puede que los novios se rían cuando no estaba previsto.

Pueden pasar muchas cosas. Y sinceramente, no pasa nada.

Tal vez no te guste lo que tengo que decirte pero si hay algo que ha prendido, es que las ceremonias que peor salen, son aquellas en las que se quiere controlar absolumanente todo.

Las mejores bodas son las que se viven, no las que se controlan. De hecho, intentar controlar absolutamente todo es uno de los errores más comunes al organizar una boda. Así que deja respirar el momento. Deja que cada profesional haga su trabajo, y confía.

La perfección puede quedar muy bonita en una fotografía. Pero la emoción, la espontaneidad y los recuerdos que realmente se quedan con nosotros suelen aparecer cuando dejamos de intentar que todo sea perfecto.

2. La ceremonia de boda debe ser personalizada

Incluso en aquellas ceremonias que son más estándar, el guion de la boda debe tener algo de la pareja.  Yo mismo tengo dos tipos de guiones, y en la ceremonia esencial siempre aviso a la pareja: «no es personalizado pero digo algo de ti, porque es tu boda» No se trata de utilizar palabras bonitas porque sí. Se trata de hablar de vosotros. Contar vuestra historia. 

De cómo se conocieron. De sus manías. De aquello que les hace reír. De las dificultades que han superado. De ese viaje tan especial. De sus amigos. De su familia. De las pequeñas historias que explican quiénes son como pareja.

Cuando una ceremonia está personalizada, los invitados no sienten que están escuchando un discurso sobre el amor.  Sienten que están escuchando la historia de dos personas que conocen y quieren. Y esa diferencia se nota muchísimo.

Oficiar una boda
También he aprendido que una ceremonia no la viven solo dos personas. Una buena ceremonia consigue que todos los que están allí sientan que forman parte de la historia.

3. Los invitados también forman parte de la ceremonia

Durante mucho tiempo tendemos a pensar que una ceremonia de boda está dirigida exclusivamente a la pareja. Pero desde el momento en el que me dije a mí misma que iba a oficiar una boda tuve claro que no quería que los invitados estuvieran sentados pensando: «Chacho, a ver si esta mujer se calla ya». Y el tiempo me ha dado la razón.

Si hay algo que he aprendido después de oficiar tantas ceremonias es que los invitados son una parte fundamental de la historia.

Ellos también tienen recuerdos de la pareja. Hay amigos que estuvieron cuando se conocieron. Hermanos que han vivido juntos media vida. Padres que recuerdan etapas que los novios incluso han olvidado. Personas que han viajado desde muy lejos para estar allí.

Por eso, cuando una ceremonia consigue involucrar a los invitados, cambia completamente la energía. Hace que sean parte de la ceremonia y no un complemento. Hay muchas formas de conseguirlo, desde las lecturas hasta la participación de familiares y amigos. En esta ceremonia de boda civil puedes ver algunos detalles que ayudan a hacer que el momento sea mucho más personal.

Oficiar una boda
Mi primera boda. Aún no sabía que aquel día sería el comienzo de una historia que, 260 ceremonias después, todavía me sigue enseñando.

4. He aprendido a hacerme a un lado

Las cosas como son. Ser maestro de ceremonias tiene mucho de artistas. Y todos los artistas, tienen un poquito de ego.

Reconozco que cuando tuve que oficiar mi primera boda (y en general durante el primer año) esperaba con ansias el momento en el que algún invitado viniese a felicitarme. Por suerte esto duró poco. No recuerdo exactamente en qué boda fue. Pero un día, vi llegar a la novia, tan guapa, ilusionada y nerviosa, y darme cuenta de algo:  no se trata de mí.

Una ceremonia no es un escenario en el que la maestra de ceremonias tenga que ser la protagonista. Es un momento que pertenece a la pareja.

Y eso requiere empatía, humildad y, sobre todo, saber compartir lo que está pasando.

Con los años he aprendido a echarme a un lado, a escucharles incluso cuando no están hablando y a entender cuándo necesitan que les acompañe y cuándo necesitan simplemente vivir el momento.  Porque cuando alguien te permite estar tan cerca de uno de los días más importantes de su vida, no puedes vivirlo desde el ego.

Puedes poner tu experiencia, tu voz y tu trabajo al servicio de la ceremonia, pero tienes que recordar siempre que la historia no es tuya: es de ellos. Si estáis empezando a pensar cómo queréis que sea vuestra ceremonia y necesitáis ayuda para encontrar vuestra propia manera de contar vuestra historia, podéis descubrir mi servicio de asesoramiento para ceremonias y guiones personalizados.

Creo que una buena maestra de ceremonias no debería intentar ser protagonista.  Debería conseguir que los protagonistas puedan sentirse completamente ellos mismos.

5. Los votos matrimoniales no necesitan ser perfectos

Esta es una de las cosas que más repito a las parejas. Tus votos no tienen que parecer escritos por un poeta. Tampoco hechos con Chat GPT.  No necesitas encontrar la frase más espectacular del mundo.

Necesitas decir algo que sea verdad para ti. Y sobretodo, decir algo que seas tú. Si no sabes por dónde empezar, aquí te cuento cómo escribir unos votos matrimoniales sin caer en uno de los errores más habituales. Jamás recordaré una novio que tuve, cuya profesión era ser escritor. Sus votos estaban realmente bien escritos, pero faltos de personalidad.  Se había centrado tanto en escribirlos bien, que olvidó que lo importante no era eso, sino dejar a su corazón hablar. Con naturalidad y emoción.

A veces, es una frase sencilla como cuando Paco le dijo a Jasmin en la ceremonia un simple: «te quiero eres la mujer de la vida» Un “gracias por hacerme reír incluso cuando tengo un mal día” puede decir muchísimo más sobre una relación que diez frases grandilocuentes sobre el amor eterno.

Y si necesitas una estructura para empezar a escribirlos, también puedes utilizar esta plantilla para votos matrimoniales.

6. Una ceremonia emotiva también puede ser divertida

Creo que existe una idea equivocada de que una ceremonia de boda tiene que ser solemne para ser emocionante. De hecho una frase que me dicen mucho es: «La ceremonia queremos que sea solemne, para pasarlo bien tenemos la fiesta» Y si hay algo que he aprendido oficiando bodas es que esto no tiene porqué ser así. Especialmente cuando la pareja es de estas personas que son divertidas de por sí.

Se puede llorar y reír en la misma ceremonia. De hecho, muchas de las ceremonias que más recuerdo tienen precisamente ese equilibrio. Un poco de todo.

Una historia divertida puede provocar una carcajada general y, unos minutos después, una frase sobre la familia puede conseguir que media sala se emocione.

El humor, cuando forma parte de la personalidad de la pareja, hace que la ceremonia sea mucho más natural. Una ceremonia no tiene que parecer un acto solemne y distante.

Puede tener vuestra forma de hablar, vuestras bromas, vuestras historias y vuestra manera de quereros.

Oficiar una boda
Ninguna boda es igual a la anterior. Cambia el lugar, cambia la historia y cambian las personas. Y quizá por eso, después de tantas ceremonias, sigo sin sentir que haya dos días iguales.

7. Las ceremonias pequeñas e íntimas pueden ser las más bonitas

Después de oficiar tantas ceremonias, también he aprendido que no hace falta gastar miles de euros para tener una ceremonia increíble. Y tampoco hace falta tener 200 invitados.

He vivido ceremonias grandes, con cientos de invitados, montajes espectaculares y todos los detalles que puedas imaginar. Pero también he oficiado ceremonias pequeñas e íntimas que han sido absolutamente maravillosas. Las bodas pequeñas tienen una magia especial. De hecho, si os atrae la idea de celebrar algo mucho más íntimo, podéis descubrir qué es una boda elopement en Canarias.

A veces son cuatro personas. Otras diez personas. O veinte. Una pareja, sus padres, sus hermanos y sus amigos más cercanos. Y estoy segura de que la mayoría de proveedores de boda estarán de acuerdo en esto: hay algo especial en esos momentos.

No necesitas un montaje gigantesco, un escenario espectacular ni cientos de invitados para que una ceremonia tenga significado. Necesitas una historia que contar, personas que quieran escucharla y una pareja que quiera detenerse unos minutos para decirse delante de los suyos: “te elijo”.

He aprendido que el presupuesto puede cambiar muchas cosas de una boda, pero no debería determinar cuánto emociona una ceremonia. Una ceremonia sencilla, cuidada y pensada para la pareja puede ser mucho más memorable que otra en la que se hayan invertido miles de euros.

Porque al final, cuando pasan los años, probablemente no recordarás cuánto costaban las flores o cuánto medía el montaje. Recordarás cómo te miró. Lo que te dijo. Quién estaba allí. Y cómo te sentiste en ese momento.

Oficiar una boda
Óliver y Camile rompieron todas las barreras de idiomas y demostrar que el amor no entiende de idiomas.

8. El idioma no debería ser una barrera para celebrar el amor

Después de oficiar tantas ceremonias, también he aprendido que el amor no habla un único idioma.

Recuerdo especialmente a Óliver y Camile. Él de Gran Canaria. Ella de Tailandia. Él chapurreaba el inglés. Ella no hablaba español.

_ ¿Cómo se hablan? _ Les pregunté con sorpresa y curiosidad

_ Usando Google Translate _ Me dijo orgulloso Óliver.

No me lo podía creer. La verdadera prueba de que el amor real se vive barreras de idiomas.

Por supuesto esto es un caso extremo. De hecho es la primera vez que me pasa. Pero he tenido la suerte de oficiar bodas en las que la pareja, sus familias o sus invitados hablaban diferentes idiomas. Y al principio puede parecer que eso supone una dificultad. Pero te digo algo, una ceremonia no se construye únicamente con palabras.

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También está en las miradas, en los gestos, en la música, en las historias, en las pausas, en la emoción, las tradiciones de cada cultura y en la manera de acompañar a una pareja.

Una ceremonia bilingüe requiere preparación y cuidado. Por eso, si vuestra historia reúne diferentes idiomas o nacionalidades, es importante contar con un oficiante de boda bilingüe en Gran Canaria que consiga que todos los invitados formen parte del momento. No consiste simplemente en traducir un texto de un idioma a otro. Hay que conseguir que la historia conserve su emoción independientemente del idioma en el que se escuche.

Por eso creo que una barrera lingüística nunca debería impedir que todos puedan formar parte de una ceremonia de boda.

Cuando se hace bien, una ceremonia bilingüe no divide a los invitados entre dos idiomas. Los une alrededor de una misma historia.

Oficiar una boda
Hay momentos en los que mi trabajo consiste simplemente en estar ahí y dejar que las palabras hagan todo lo demás.

9. Todavía hay parejas que saben el valor de una ceremonia

Voy a «abrir un melón importante». Después de haber oficiado tantas bodas, tengo la teoría de que mucha gente se casa para tener la gran fiesta de su vida.  Y está bien. Una boda también es celebrar, bailar, comer, brindar, reencontrarse con amigos y pasarlo bien.

Pero después de más de 260 ceremonias también he descubierto que todavía hay muchas parejas que entienden el valor de la ceremonia. Porque cuando una pareja decide dar a ese momento la importancia que merece, elegir a la persona que va a acompañarla también se convierte en una decisión importante. Aquí puedes descubrir qué hace una maestra de ceremonias y cómo puede ayudarte a crear una ceremonia completamente personalizada. Por suerte todavía hay parejas que le dan a la ceremonia la importancia que tiene. Parejas para las que ese momento no es simplemente el trámite que hay que pasar antes del cóctel. Quieren parar.

Quieren mirarse. Quieren escuchar su historia contada en voz alta. Quieren decirse cosas que quizá no se dicen todos los días.Quieren incluir a sus familias y amigos en ese momento. Y quieren compartir con las personas que quieren el significado de estar allí, delante de todos, eligiéndose de nuevo.

Creo que esa es una de las cosas más bonitas que tiene mi trabajo. Recordar que, aunque una boda pueda ser una gran celebración, la ceremonia sigue teniendo un valor enorme para muchas parejas. Y cuando una pareja le da ese espacio, se nota.

Y precisamente esa forma de entender el trabajo es una de las cosas que conviene tener en cuenta cuando llega el momento de elegir al oficiante adecuado para vuestra boda.

10. Las grandes historias de amor no siempre parecen sacadas de una película

Si he oficiado 260 bodas, eso significa que habré escuchado unas 300 historias de amor. Y hay algo que he aprendido: las historias de amor más increíbles no suelen ser las que parecen sacadas de una película.

Estamos acostumbrados a pensar que una gran historia de amor tiene que tener un comienzo espectacular. Un flechazo, un cruce del destino, fuegos artificiales y una mirada que hace que se reconozcan.  Pero la realidad que he conocido a través de tantas parejas es bastante diferente.

Las historias verdaderamente bonitas suelen construirse poco a poco. Y sinceramente, puedo decir que el 99% se construyen así.  Son dos personas que se conocen de una manera casual (una fiesta por amigos, en el trabajo, en el gimnasio…) que van descubriéndose, que aprenden a convivir, que atraviesan momentos buenos y malos y que, con el tiempo, deciden seguir eligiéndose.

He aprendido que un amor bonito no tiene que ser perfecto ni extraordinario desde el primer día. Que las grandes historias de amor, no son las que comienzan con una casualidad mágica, sino las que se construyen despacio.

Dos personas que, día tras día, con paciencia, amor y respeto, deciden seguir construyendo algo juntos.

Todo es mucho más que oficiar una boda

Lo que sí te puedo decir, es que después de más de 260 ceremonias de boda, podría pensar que ya lo he visto todo. Pero no es así.

Cada pareja llega con una historia diferente. Con una forma distinta de quererse, de comunicarse, de celebrar y de entender el matrimonio. Y cada ceremonia me recuerda por qué este trabajo es tan especial.

He aprendido que el amor no tiene una única forma. Que una ceremonia no necesita seguir un patrón determinado para ser bonita. Que los votos más sencillos pueden ser los más emocionantes. Que una carcajada también puede formar parte de un momento profundamente emotivo. Que no todo tiene que salir perfecto para que sea inolvidable.

Y, sobre todo, que oficiar una boda es mucho más que hablar delante de un grupo de personas.

Es escuchar una historia, comprender quiénes son dos personas y convertir todo aquello que las hace únicas en una ceremonia que tenga sentido para ellas.

Porque cuando termina la ceremonia, cuando los novios se dan su primer beso como matrimonio y todos los invitados empiezan a aplaudir, siempre pienso lo mismo:

Qué privilegio que me hayan dejado contar su historia.

Y después de más de 260 ceremonias, sigo creyendo que no hay dos historias de amor iguales.

Y precisamente por eso, no debería haber dos ceremonias iguales.

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